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El arte no sirve

  • ginamoronaraujo
  • 7 ago
  • 1 Min. de lectura

Como un sueño, como el amor, como esa palabra que no se deja traducir.

No se explica ni se justifica. Existe, quiebra la lógica de lo útil.

La utilidad es el mandato de que todo debe producir, rendir, justificarse; pero el arte ocurre en otra dimensión, donde el valor no se mide, ni se obedece.


No está hecho para resolver, ni para servir, sino para suspender. Los minutos, los pensamientos, la imaginación.  Es la grieta en el muro, el instante en que una imagen, un verso, una melodía interrumpen la maquinaria y nos arrojan, aunque sea por un segundo, fuera del tiempo. Basta con que nos parta. Que nos vuelva extranjeros en nuestra propia casa, en nuestra propia mente.


Lo inútil, si todavía podemos decirlo sin que tiemble, es lo único que sobrevive cuando todo ha sido vendido, pesado, domesticado.


Y quizá, en un mundo que todo lo mide, la única utilidad del arte sea recordarnos que no somos medibles.


El arte no sirve. Ese es un privilegio.

Y por eso importa.

 
 
 

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